Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
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Bendita entre todas las Mujeres.
Cuando debemos hablar de la mujer, de inmediato, sin vacilaciones, hablamos de nuestra madre. La Madre regalo del amor que junto a papá nacimos para gloria de Dios. Pero hoy debemos rendirles un homenaje a todas las mujeres en su día Internacional.
Si es así déjenme nombrar a Emma Godoy escritora mexicana para quien la dignificación de las mujeres no sólo debía ser de la cintura para abajo sino integral, porque de ellas depende el avance de la humanidad.
Jane Goodall mujer con un gran amor a la naturaleza y la vida animal. Pionera en la investigación de grandes simios en estado salvaje, introdujo metodologías originales que fueron muy criticadas en su momento pero que hoy son ampliamente utilizadas)
Madre Teresa de Calcuta “Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión por los pobres” Ejemplo de bondad, amor, sencillez y fe verdadera)
Juana de Arco , santa de la iglesia católica; líder revolucionaria francesa.
Marie Curie fue una pionera polaca en los primeros tiempos del estudio de las radiaciones. Renunció a la riqueza para que sus descubrimientos, que ayudan a combatir el cáncer, fueran para toda la humanidad.
Florence Nightingale . Italia, 12 de mayo de 1820 - Londres, 13 de agosto de 1910, británica, es la madre de la enfermería moderna.
Helen Keller Una mujer que le enseño al mundo que "un ciego no es un genio, ni un fenómeno ni un idiota. Tiene una mente que puede ser educada, una mano que puede ser entrenada, ambiciones por las cuales esforzarse ya que pueden realizarse, y es el deber del público ayudarle a ser mejor por sí mismo, y de ese de modo él pueda ganar la luz a través de trabajo.".
Irena Sendler Una de las más grandes heroínas polacas desde la Segunda Guerra Mundial, es conocida como "El Ángel del Gueto de Varsovia".
Mary kay Ash "Trata a los demás como quieres que te traten a ti " , era uno de los lemas principales, una exitosa empresaria y una de las pioneras en el sistema de venta puerta a puerta.
Valentina Tereshkova fue la primera mujer de la historia en viajar al espacio, a bordo del Vostok 6 en 1963.
Madre María de San José . Primera Beata Venezolana. Muere amando a los pobres y enfermos.
Todas ellas y muchísimas más hicieron historia y todavía se les recuerda. Pero hay una “La Santísima Virgen María” a la cual quiero agasajar en este día tan importante para las mujeres. Por eso me gustaría presentar a la Virgen, perdonen si es brío, a la Virgen María como mujer.
Hablaré de una mujer, pero no de una simple y mortal mujer, sino de una mujer, de María, la madre de Jesús de Nazaret, el Verbo encarnado y, por tanto, de la Madre de Dios.
María, madre y mujer de nuestra fe. Ya lo vimos en esa multitudinaria procesión a la Divina Pastora, más de tres millones de personas caminaron su procesión. La presencia de la Virgen en la vida de los cristianos es algo muy especial. Es como decir que en el fondo de cada corazón se ha quedado y para siempre. Por eso la vemos como mujer y como una verdadera madre.
María, la mujer en nueva mirada. En ella caben todos y especialmente los varones. Todos recurren a Ella y nadie queda por fuera. En ella encontramos ese pedacito de niños que un día fuimos y que aún arde dentro de cada uno.
María, mujer de verdad desde la Biblia. Es la Palabra la que nos muestra a María. Pues en el Evangelio está y permanece María, la Madre de Dios. De ahí que los episodios de la infancia de Jesús, según Lucas y Mateo, el episodio del encuentro de María con Jesús en medio de la predicación de éste, y lo que Juan relata sobre su presencia en el comienzo de la vida pública en las bodas de Caná y sobre su presencia a los pies de la cruz, son indicios muy claros de su realidad y su presencia. Y para completar esto nos lanzamos a los Hechos de los Apóstoles para que Lucas nos diga que ahí está en oración junto a los discípulos antes de la venida del Espíritu Santo.
Entonces, María escucha y vive la Palabra. Por eso, podemos decir, que antes que naciera en su vientre ya había nacido en su corazón. Por eso cumple con alegría la voluntad de Dios y todo porque sabe escucharlo y su obediencia es sincera y alegre. La Podemos llamar la Primera Discípula del Señor.
Gracias Señor por haberla llamado y regalado para esta Iglesia necesitada de una madre que viva y nos hable de Dios.
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas
08/marz
/////////////////////////////////////////////>> Marcelo Dime >> |
Mensaje urbi et orbi del Papa Benedicto XVI para la Pascua 2011
In resurrectione tua, Christe, coeli et terra laetentur.
En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra
(Liturgia de las Horas.)
Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:
La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.
Hasta hoy —incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas— la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).
La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.
Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
«En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra». A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los «cielos» responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.
Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera a quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los Países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana. Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.
Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.
Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.
Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.
Feliz Pascua a todos. (2001/04/25) |