Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
BIENVENIDO PADRE LINDOLFO MARIN
Venido de la querida Colombia se fue metiendo en el corazón de la cristiandad cumanesa y a la luz del servicio diaconal muy unido a sus labores a favor de la juventud y del Seminario, nuestro Arzobispo impondrá las manos y concederá el don de la Ordenación Sacerdotal al Diácono Lindolfo Marín, este sábado 10 de mayo a las 9 de la mañana.
Para la Arquidiócesis de Cumaná es una gran alegría y una nueva esperanza que da abrigo a una Iglesia muy necesitada de Vocaciones Sacerdotales y Religiosas. De ahí la necesidad de orar con mayor confianza para suscitar a cristianos que quieran ser ministros para el servicio a Dios en medio de su pueblo. La pregunta es: ¿Sacerdotes para qué? Porque el hombre sigue siendo hombre, a pesar de tantos progresos y de tanta técnica. Porque hay pecados que perdonar, porque hay corazones hambrientos de esperanza, porque hay miserias materiales y espirituales, porque la vida humana no termina cuando se apagan nuestras neuronas. Es decir, hombres sacados entre los hombres para llevar a los hombres a Dios.
Entonces, Lindolfo quiere ser sacerdote porque Dios está enamorado del ser humano. Nos amó desde el inicio, sin importarle la traición suscitada en los tiempos pasados con unos hombres y un pueblo sediento de falsos dioses con una gran carga de indiferencia y desde ahí la presencia de Cristo Jesús, Salvador con la presencia misericordiosa del amor de un Dios que abraza a todos y a todos quiere salvar.
Aunque podríamos decir que un sacerdote hoy es un gran misterio. Misterio que destapa el nuevo sacerdote Lindolfo, quien sin abandonar a su familia, abraza una más grande familia, la sucrense. Sin perder la libertad ha tenido la gran libertad de elegir y decidir. Sin equivocar el camino ha seguido un sendero del mayor horizonte. Por eso la decisión de ser sacerdote es una vigencia donde Dios sigue llamando e invitando a un amor mayor. Eso es el sacerdote en tiempos de una necesidad imperante donde el amor es necesidad vital.
El sacerdocio no es una simple llamada y un mero respuesta. Es una llamada en el amor y una respuesta en el amor. Vale la pena volver a preguntar: ¿Para qué servirá el Padre Lindolfo? La respuesta será muy variada. Veamos:
1. Para enseñar la Palabra de Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana.
2. Para anunciar el Evangelio aquí y en países de misión.
3. Para perdonarnos los pecados en nombre de Jesús.
4. Para presidir la Eucaristía y darnos el Pan de la Vida.
5. Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.
6. Para estar cerca y ayudar a los pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.
7. Para enseñarnos a rezar y relacionarnos con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrirnos que estamos llamados a la felicidad eterna.
8. Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida y el mundo actual.
9. Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.
10. Para servir a la unidad eclesial, coordinando a todos en comunión con el Obispo.
Desde aquí, desde esta parroquia "Santa Ana" nos sentimos felices, alegres y profundamente agradecidos de Dios. Sabiendo que no eres un super, sino un hombre que unido a Dios quiere servir a todos. No está loco, sino que en medio del equilibrio quiere hacer el mejor bien a la humanidad. Ofreciendo a un Dios que se hace celebración eucarística para bendecir y alimentar a todos. Para tomar el evangelio con la manos de la fe y abrirlo para enseñarlo en el amor cumpliendo esa voluntad de Dios.
Padre Lindolfo más que bienvenido, siéntase querido y amado por una Iglesia doméstica, que dentro de su Proyecto de Pastoral, queremos llegar a los más lejanos en la técnica hermosa de la Sectorización donde tendremos como resultado una Comunidad de Comunidades. Y tenga la seguridad que todas nuestras comunidades estaremos en oración y fe para seguir rogando al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
Para que nunca olvides. A Dios se lo habíamos pedido y desde su amor nos ha respondido. Usted es fruto de se amor.
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