Dime que te cuento y te diré que aprendes
Padre Marcelo Rivas Sánchez
www.diosbendice.org
Todo por el mejor año
Va quedando atrás lo de tanta fiesta. Colocamos en orden la casa, la oficina, el taller y nos disponemos a concentrarnos para que juntos a Dios dar los mejores pasos. En primer lugar, gracias Señor por todos los regalos del Año que ha terminado y por el amor que nos regalarás en el Año que comienza.
También a la familia, fiel compañera de el viaje que emprendemos (2012) A los amigos con los cuales se comparte alegría y sufrimientos. Gracias al empeño y la fortaleza que Dios nos da para continuar la marcha. A todos los que nos vamos encontrando en esta vía que Dios hizo y mantiene una tras otra.
En cada comienzo hay preocupación ya que nos ronda una pregunta: ¿Qué nos traerá el Año Nuevo? Claro, sin olvidar que estamos en las manos de Dios, sacamos nuestra confianza y decimos: lo que quiera Dios. Expresión que se deja correr, pero que muchas veces olvidamos, pues nos vamos metiendo por caminos donde no transita Dios.
Para este año necesitamos mucha fe, incluso más que vida, pues en ella podemos tener los lentes para ver a Dios. Sin ella no encontraremos a Dios y una vida sin Dios es una vida al garete que se pierde en un montón de caprichos.
Mucha esperanza para no perder el camino y terminar extraviados y sin fuerzas. Derrotados e incluso, llenos de rabia y descontentos. La que no debe faltar, pues cada vez que entra el dolor y sufrimiento a nuestras vidas sale por las ventanas, la Caridad. Caridad que se hace necesaria para amar a Dios, convivir en armonía y dejarnos amar.
No puedo negar, que será un año muy difícil que habría que agregar la necesidad de paciencia, humildad, desprendimiento y generosidad. Para poder comprender la diferencia entre lo que podemos y lo que no podemos cambiar.
Por ser un año difícil nos corresponde llevarlo sabiendo que la más afectada ha sido la familia. Herida por aquella pérdida de un ser querido en las manos del hampa; nos dolió mucho cuando papá se fue con otra mujer; vivimos con dolor cuando perdimos aquel terreno por la invasión; es triste observar a mi hermano mayor, que con tanto esfuerzo se gradúo, sin poder encontrar trabajo y si lo encuentra le piden requisitos politiqueros. Si, ha sido un año muy duro.
Es tan difícil que la ilusión de aquella Venezuela de participación y protagónica ha muerto por la construcción de todo desde arriba (Estado) La Constitución de 1999, fruto de debates y luchas, estimuló la participación a través de una diversidad de modalidades como las mesas técnicas (de agua, energía, de gas, etcétera), los consorcios sociales, las organizaciones comunitarias autogestionarias, los comités de tierra, de salud, etcétera. Pero ya en 2006 donde el proyecto político del socialismo del siglo XXI se concentra en un Estado Comunal, distinto y contradictorio con el de la democracia participativa de la Constitución.
Este proceso ha producido decepción ya que los consejos comunales y las comunas se han convertido en brazos de un estado que todo lo centraliza y con una dirección desde arriba donde la participación es limitada.
A todo esto se hace más difícil cuando se nota una lucha a muerte entre gobierno y oposición. Lucha que no ha permitido manejar de forma constructiva y pacífica de los conflictos. Se observa que no pensar como los de arriba es un pecado, incluso, sinónimo de exclusión. Es doloroso observar cómo se desprecia, se desconfía y odiar al grupo contrario considerado enemigo. Pareciera que la palabra de moda es “traidor” Estrategia que quiere controlar lo social y lo político. Incluso se complica este año porque no se ha podido construir espacios de tolerancia y diálogo. Cada día hay mayores eventos de desprestigio y de ataque.
Por ello, todos necesitamos darlo todo por el mejor año. Pues no se puede vivir en un eterno conflicto y mucho menos viendo en todo a enemigos. Ese todo incluye confianza para asumir la verdad como parte de la conciencia moral de la sociedad.
Señor Dios, en este nuevo año, danos la gracia de tu amor para que tomemos conciencia de la necesidad de justicia. Una justicia que pasa por la reparación de la dignidad de las víctimas y mejora de la vida de todos los sectores sociales. Sin olvidar que sin el otro no es posible una comunidad mejor. Por eso, Señor, derrama tu gracia sobre todos los que amamos y concede tu paz al mundo entero.
mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas
05/ene
/////////////////////////////////////////////>> Marcelo Dime >> |
Mensaje urbi et orbi del Papa Benedicto XVI para la Pascua 2011
In resurrectione tua, Christe, coeli et terra laetentur.
En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra
(Liturgia de las Horas.)
Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo:
La mañana de Pascua nos ha traído el anuncio antiguo y siempre nuevo: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en la Iglesia, que lleva en el corazón la fe vibrante de María, la Madre de Jesús, la fe de la Magdalena y las otras mujeres que fueron las primeras en ver el sepulcro vacío, la fe de Pedro y de los otros Apóstoles.
Hasta hoy —incluso en nuestra era de comunicaciones supertecnológicas— la fe de los cristianos se basa en aquel anuncio, en el testimonio de aquellas hermanas y hermanos que vieron primero la losa removida y el sepulcro vacío, después a los mensajeros misteriosos que atestiguaban que Jesús, el Crucificado, había resucitado; y luego, a Él mismo, el Maestro y Señor, vivo y tangible, que se aparece a María Magdalena, a los dos discípulos de Emaús y, finalmente, a los once reunidos en el Cenáculo (cf. Mc 16,9-14).
La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación, de una experiencia mística. Es un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella indeleble. La luz que deslumbró a los guardias encargados de vigilar el sepulcro de Jesús ha atravesado el tiempo y el espacio. Es una luz diferente, divina, que ha roto las tinieblas de la muerte y ha traído al mundo el esplendor de Dios, el esplendor de la Verdad y del Bien.
Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto. Por eso, todo el universo se alegra hoy, al estar incluido en la primavera de la humanidad, que se hace intérprete del callado himno de alabanza de la creación. El aleluya pascual, que resuena en la Iglesia peregrina en el mundo, expresa la exultación silenciosa del universo y, sobre todo, el anhelo de toda alma humana sinceramente abierta a Dios, más aún, agradecida por su infinita bondad, belleza y verdad.
«En tu resurrección, Señor, se alegren los cielos y la tierra». A esta invitación de alabanza que sube hoy del corazón de la Iglesia, los «cielos» responden al completo: La multitud de los ángeles, de los santos y beatos se suman unánimes a nuestro júbilo. En el cielo, todo es paz y regocijo. Pero en la tierra, lamentablemente, no es así. Aquí, en nuestro mundo, el aleluya pascual contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy. Por eso, mi mensaje quiere llegar a todos y, como anuncio profético, especialmente a los pueblos y las comunidades que están sufriendo un tiempo de pasión, para que Cristo resucitado les abra el camino de la libertad, la justicia y la paz.
Que pueda alegrarse la Tierra que fue la primera a quedar inundada por la luz del Resucitado. Que el fulgor de Cristo llegue también a los pueblos de Oriente Medio, para que la luz de la paz y de la dignidad humana venza a las tinieblas de la división, del odio y la violencia. Que, en Libia, la diplomacia y el diálogo ocupen el lugar de las armas y, en la actual situación de conflicto, se favorezca el acceso a las ayudas humanitarias a cuantos sufren las consecuencias de la contienda. Que, en los Países de África septentrional y de Oriente Medio, todos los ciudadanos, y particularmente los jóvenes, se esfuercen en promover el bien común y construir una sociedad en la que la pobreza sea derrotada y toda decisión política se inspire en el respeto a la persona humana. Que llegue la solidaridad de todos a los numerosos prófugos y refugiados que provienen de diversos países africanos y se han viso obligados a dejar sus afectos más entrañables; que los hombres de buena voluntad se vean iluminados y abran el corazón a la acogida, para que, de manera solidaria y concertada se puedan aliviar las necesidades urgentes de tantos hermanos; y que a todos los que prodigan sus esfuerzos generosos y dan testimonio en este sentido, llegue nuestro aliento y gratitud.
Que se recomponga la convivencia civil entre las poblaciones de Costa de Marfil, donde urge emprender un camino de reconciliación y perdón para curar las profundas heridas provocadas por las recientes violencias. Y que Japón, en estos momentos en que afronta las dramáticas consecuencias del reciente terremoto, encuentre alivio y esperanza, y lo encuentren también aquellos países que en los últimos meses han sido probados por calamidades naturales que han sembrado dolor y angustia.
Se alegren los cielos y la tierra por el testimonio de quienes sufren contrariedades, e incluso persecuciones a causa de la propia fe en el Señor Jesús. Que el anuncio de su resurrección victoriosa les infunda valor y confianza.
Queridos hermanos y hermanas. Cristo resucitado camina delante de nosotros hacia los cielos nuevos y la tierra nueva (cf. Ap 21,1), en la que finalmente viviremos como una sola familia, hijos del mismo Padre. Él está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Vayamos tras Él en este mundo lacerado, cantando el Aleluya. En nuestro corazón hay alegría y dolor; en nuestro rostro, sonrisas y lágrimas. Así es nuestra realidad terrena. Pero Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Por eso cantamos y caminamos, con la mirada puesta en el Cielo, fieles a nuestro compromiso en este mundo.
Feliz Pascua a todos. (2001/04/25) |